Investigar la historia de tu familia puede ser una experiencia muy linda. A medida que vas encontrando nombres, fechas, lugares y documentos, también vas descubriendo historias que forman parte de quién sos. Y no hace falta ser un experto para empezar.
Empezá por lo que ya sabés
El mejor punto de partida es la información que ya tenés. Anotá los nombres completos, fechas aproximadas y lugares de nacimiento, casamiento o fallecimiento que recuerdes. También sirve cualquier dato que hayas escuchado en tu familia, aunque en ese momento te parezca poco importante.
Conversá con tu familia
Si todavía tenés la posibilidad de hablar con padres, abuelos, tíos o primos mayores, aprovechala. Preguntales cómo se llamaban sus padres y abuelos, de dónde venían, a qué se dedicaban o dónde vivieron. Muchas veces aparecen datos que no vas a encontrar fácilmente en un documento.
Si vas a grabar la conversación, pedí permiso. Y, si podés, anotá quién te contó cada cosa. Con el tiempo esos recuerdos pueden convertirse en pistas muy importantes.
Organizá la información desde el principio
A medida que avances vas a juntar muchos nombres y documentos. Por eso conviene anotar desde el comienzo de dónde salió cada dato. Así vas a poder diferenciar entre:
- Información comprobada: datos respaldados por un documento o registro.
- Recuerdos familiares: información valiosa que todavía falta confirmar.
- Hipótesis: posibilidades que todavía necesitan ser investigadas.
Buscá en los registros
Cuando ya tengas algunos nombres, fechas y lugares, podés empezar a buscar en partidas de nacimiento, matrimonio y defunción, censos, archivos parroquiales y registros migratorios. Muchos documentos están disponibles en internet, aunque en otros casos vas a tener que solicitar las partidas directamente al registro civil, una parroquia o un archivo.
No des ningún dato por sentado
En genealogía es fácil encontrar información que parece correcta y después descubrir que no lo era. Un apellido escrito de otra manera, una fecha aproximada o dos personas con el mismo nombre pueden llevarte por el camino equivocado.
Por eso es importante comparar documentos y anotar siempre las fuentes. Cuanto más atrás avances, más importante se vuelve comprobar cada dato.
¿Y si te quedás trabado?
Es normal. A veces un registro no aparece, una letra es imposible de leer o una rama de la familia parece desaparecer de un momento para otro. Es parte de la investigación.
Cuando necesitás ayuda para seguir avanzando, en Buscando Tus Raíces ofrecemos servicios de investigación genealógica y asesoramiento personalizado.
Tu historia empieza con un dato
No necesitás tener un árbol genealógico completo para empezar. Un nombre, una fecha, una fotografía vieja o el recuerdo de un familiar pueden ser suficientes para abrir una nueva línea de investigación.
Empezá con lo que tenés, anotá todo y avanzá de a poco. Con el tiempo, esos pequeños datos pueden convertirse en una historia mucho más completa de tu familia.
Si querés comenzar tu investigación y no sabés por dónde empezar, contactanos y podemos ayudarte.
